viernes, 11 de marzo de 2011

Ecuaciones de la vida


“Quiero ser banderada de mi clase”.  Es Anneliese quien habla. Lo afirma con tal determinación que yo levanto la ceja  y al instante oigo el comentario de Renato: “¿Cómo quieres ser abanderada, si no te gusta hacer tus tareas?”.  Ahora es Anneliese quien arquea las cejas. Quizá no había pensado en eso… 

Por un momento pensé que respondería: “entonces prefiero ser la novia de Herberito”, su nuevo amor platónico, pero lo cierto es que guardó silencio.  Se quedó pensativa, se bajó de la silla y se fue a jugar con su bebé Lágrimas de verdad.
A la vuelta de los días, cambió un poco. Todavía se resiste a algunas tareas, a borrar las planas que le han salido torcidas, a disminuir los puntos de las íes porque le quedaron más anchos que una pimienta gorda. Pero, ya protesta menos. Se ilusiona pasando las hojas de su gran libro y preguntando ¿qué hay que hacer aquí?  Cuando le respondo “leer”, ella toma el camino lógico e interpreta los dibujos. No se complica pensando: no he aprendido a leer la-le-li-lo-lu…  más bien afirma, aquí dice luna, pájaro (en lugar de loro),  y sale corriendo anunciando a sus hermanas que ya puede leer. Está ilusionada con el conocimiento o al menos eso creo yo. Espero que no resulte que la ilusionada soy yo.

La ilusión puede ser la bandera. Lo cual no me molesta. O me molesta menos que sea una candidatura a principessa, que es la motivación de Ximena. Por cierto, que una buena amiga me dio una lección de sentido común. Cuando yo le comenté la obsesión de la Xime por lucir corona y cetro, me dijo algo más o menos así: las pequeñas metas nos ayudan a alcanzar las grandes virtudes.

Y es que a veces me pregunto ¿qué hago para que la chispa del conocimiento se alimente en la mente de mis hij@s? ¿Qué hago para que tengan curiosidad intelectual? ¿Qué hago para que sean entes pensantes (que no es sinónimo de abanderadas)? ¿¡¡Quién pude ayudarme!!? ¡Por favor!  Bueno, pues  sin saberlo me puse a buscar respuestas. He encontrado varias hasta ahora. Lo insólito es los lugares donde repentinamente han aparecido. Una, salió desfilando en un documental de Efraín Recinos.  El material se llama “El arte de hacer dibujos”. Hay muchas cosas curiosas y divertidas, pero la que más me llamó la atención es que el gran maestro chapín, no asistió a la escuela… o por lo menos hasta los 13 años nunca había pisado un salón de clases. Así que se la pasó leyendo, escribiendo, dibujando y pintando durante ocho largos años.  ¿Y de dónde salió su genialidad? ¿Qué alimentó la creatividad?  Lo he pensado  largamente.  Y me parece que  Recinos fue dotado de unos talentos asombrosos, pero que estos rindieron fruto por el buen uso de su libertad. O al menos, eso pienso yo.  Por supuesto, el ejemplo y la motivación de su padre fueron esenciales, pero vaya si el Maestro puso de su parte.

Otra de las respuestas, la encontré en algunos capítulos de “El caballero de la armadura oxidada”. El pobre hombre no sabía cómo liberarse de su prisión de hierro. Lo cierto es que lo logró con el silencio, la reflexión,  el conocimiento de sí mismo y otros ingredientes más. Así fue feliz.

¿Tan sencilla es la receta? Tan sencilla nos parece que los hombres no hacemos más que sucumbir a la tentación de volverla complicada.  Pero lo cierto es que la sencillez es el disfraz de las grandes cosas.

De momento, retomaremos nuestros paseos por el bosque. Iremos a gozar de la naturaleza, a abrazar el viento y a abrazarnos entre nosotros, a leer acompañados del sonido del aire y el exquisito olor de las piedras, el pino y las nubes.  Veré el documental de Recinos con quienes quieran. Seguiré cuestionando cosas que parecen obvias pero cuando preguntas sobre ellas, obtienes las respuestas más deslumbrantes y significativas.  Y sobre todo, guardaré bajo el colchón mis expectativas y planes para mis hijos... para maravillarme y alentar sus propios planes.

7 comentarios:

  1. Andrea, te había escrito algo, pero no salió. Eran dos sugerencias, una es leer el método Montessori de María Montessori, que a la fecha es, a mi parecer, el más completo para no perder el hambre de querer saber. Y sugerirte un libro que actualmente estoy leyendo que se llama Hijos Mejores: Una Guía para una Educación Inteligente, de Francisco Kovacs que suena presuntuoso pero que es muy aterrizado.
    Espero que te sirvan,
    Marijú

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  2. Gracias Andrea! que lindo post y lindo ejemplo: guardarlo baja el colchón para maravillarse y alentar sus propios planes. Gracias!

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  3. Mónica Molina Grajeda16 de marzo de 2011 09:51

    Lo que más me gusta de todo es tu frase: "Pero lo cierto es que la sencillez es el disfraz de las cosas grandes". La verdad es que muchas veces se nos olvida, dejamos de lado ese pequeño "ingrediente" de la vida y pensamos que con complicar las cosas tendrán más importancia. Gracias por recordarnos que no es así.
    Espero que la bandera siga siendo un buen aliciente para Anneliese.

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  4. Que linda reflexión... Sabes, mi mami, decía... Los hijos son las flechas que Dios nos ha encomendado... Nosotros debemos de modelar el arco y lanzarlas a la vida... Pero su desición, determinación acompañadas con el viento de la libertad decidirán el camino!!!

    Así es... Uno debe de fundamentar esa salida, darles valores, la educación que uno crea es la mejor... Pero debemos dejarlos ser!

    Lee, cree, estimula y abraza su espíritu libre!!!

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  5. Me encanta como cuentas la vida y todas las emociones que vienen con ella..
    y de acuerdo con el comentario lo que más me gusto es la frase "Pero lo cierto es que la sencillez es el disfraz de las grandes cosas"
    no sé porque aun nos perdemos en los compliques, cuando al final las cosas simples son las que llegan al alma :)
    gracias por compartir...

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    1. ¡Gracias a ti por leer y comentar! Espero verte seguido por estos lares.

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